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domingo, 31 de octubre de 2010

Cachemira, de paraíso terrenal a infierno bélico

Casi siempre en las noticias, pero por razones ajenas a la belleza de sus paisajes naturales que le ganaron el calificativo de "paraíso en la Tierra", Cachemira es considerado hoy día uno de los lugares más peligrosos del mundo.

Situada en el Himalaya, la región es centro de una álgida disputa territorial entre la India y Paquistán, dos potencias nucleares, y cuna además de un fuerte movimiento separatista.

El 26 de octubre último se cumplieron 63 años del inicio de un conflicto que es resultado directo de la política de "divide y vencerás" aplicada por el imperio británico en sus últimos estertores en el subcontinente indio.

En 1947, la Corona británica decidió prescindir de su joya más preciada, y le concedió la independencia a la India, que a cambio tuvo que soportar el nacimiento de Paquistán, un parto doloroso y sangriento que costó la vida a millones de personas.

Entre la nueva nación musulmana nacida de la partición de la península, y los antiguos estados principescos hindúes se alzaba Cachemira, cuyos habitantes profesaban mayoritariamente la fe islámica, pero estaban gobernados por un marajá hindú, quien al principio intentó mantenerse independiente.

Apenas dos meses después de hacerse efectiva la partición, las tribus paquistaníes de la zona de Dir entraron a Cachemira con la intención de anexarla al nuevo país, lo que dio pie a que el gobernante cachemir pidiera ayuda a Nueva Delhi, que de inmediato despachó sus tropas hacia la región.

La adhesión del principado a la India se formalizó el 26 de octubre de 1947, pero seis meses después estallaba la primera guerra indo-paquistaní, que dejó como herencia hasta nuestros días la llamada Línea de Control, trazada por Naciones Unidas el 1 de enero de 1949 para poner fin a la contiende bélica.

Aunque la raya divisoria concedió dos tercios del territorio a la India, y un tercio a Paquistán, ambos países siguen reclamando como suya la totalidad de la región.

Esa disputa los ha llevado a enfrentarse en otras tres guerras desde entonces y a mantener a miles de soldados en permanente disposición combativa a cada lado de la frontera común.

Los separatistas cachemires

Además de las permanentes tensiones con Islamabad, Nueva Delhi debe lidiar con los separatistas, cuyas constantes y violentas protestas anti-indias le dan un cariz interno al conflicto.

Al grito de azadi (libertad), miles de manifestantes, jóvenes en su mayoría, se lanzan casi a diario a las calles de Srinagar y de otras ciudades del estado de Jammu y Cachemira, para apedrear a las fuerzas paramilitares indias, y exigir su retirada.

El más reciente brote de violencia separatista se inició en junio pasado, y se ha cobrado hasta el momento más de un centenar de vidas.

Para tratar de atajar el baño de sangre, el gobierno central encargó recientemente a un grupo de mediadores entrevistarse con todos los actores políticos y sociales cachemires, pero siempre en el entendido de que el territorio seguirá formando parte indisoluble de la India.

Según el octogenario líder separatista de línea dura, Syed Ali Geelani, la única solución a la crisis pasa por el reconocimiento de Cachemira como un territorio en disputa, la retirada de las tropas indias, y la liberación de todos presos políticos.

Pide además la revocación de dos leyes que otorgan poderes especiales a las fuerzas de seguridad, y que los responsables de la muerte de los manifestantes sean llevados ante los tribunales.

La propuesta de Gelani, además de resultar a todas luces inaceptable para Nueva Delhi, sólo toma en cuenta las opiniones de los musulmanes de Cachemira.

Habría que preguntarle a la mayoritaria población hindú de Jammu, o a los budistas que predominan en la región de Ladakh, en las estribaciones del Himalaya, cuáles son sus opiniones sobre una eventual escisión de ese estado, que de paraíso terrenal ha devenido en un escenario bélico.
Por Néstor Marín (Prensa Latina *)
(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en la India.

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